Hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo.
Hasta el mismo amor sincero, requiere algo de dinero.
Hasta el árbol más grande, se alimenta de lo que tiene abajo.
Hasta el mejor peluquero, te puede rayar el cuero.
Hasta de una piedra necesita uno, para darse un hocicaso.
Hasta el más santo tiene su espanto.
Hasta arrancar un ajo cuesta su trabajo.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
Hasta al mono más listo se le cae el zapote.
Hasta el más capón se los hecha al hombro.
Hasta al mejor cocinero se le va un pelo en la sopa.
Hasta el manjar más sabroso, hostiga cuando es copioso.
Hasta al mejor cazador se le va la liebre.
Hasta el ladrón desconfía del ladrón.
Hasta al más superdotado, le sale un hijo tarado.
Hasta el fin nadie es dichoso.
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Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.
Hasta el final nadie es dichoso.
Hasta a la mejor cocinera, se le que queman los porotos
Hasta el diablo era bonito cuando entró en quintas.
Hasta a la mejor cocinera se le queman los porotos.
Hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo; y si Junio es ruin, hasta el fin.
Hasta ajustar, regatear.
Hasta el cuarenta de Mayo, no te quites el sayo; y para más seguro, hasta el cuarenta de Junio.
Has lo que debes y no lo que puedes.
Hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo, y en llegando San Miguel te lo vuelves a poner.
Harto fue de desgraciada la que nunca la dijeron nada.
Hasta el cuarenta de Mayo, no te quites el sayo.
Harto es necio quien a los sesenta años no adivina.
Hasta el cuarenta de Mayo no te quites el sayo.