Por contraste, hoy que estoy mirando a la falda lluviosa y fría de la sierra de Navacerrada, me viene a la mente el espléndido día que ayer me dejé a medio disfrutar en los campos jabeños. La luz ofensiva de la dehesa, el verdor de los trigos que parecen crecer hogaño mu vigorosos y la coleta de agua que alarga al pantanillo, me invitaban ayer a enrocarme en La Jaba unos días más. En fin, una estancia breve pero suficiente para matar el revesino (“querencia” o “ganas”) que nos arrempuja a jabeñear ... (ver texto completo)