El dilema del rey
En efecto, el gobernador Velázquez, desde Cuba, empezaba a maniobrar: enterado de que la hueste de Hernán Cortés había desobedecido las órdenes, envió mensajes a la corte. Velázquez denunciaba la rebeldía de Cortés y pedía para sí el nombramiento de Adelantado del Yucatán, lo cual privaría al rebelde de cualquier autoridad efectiva sobre el territorio descubierto. Por su parte, Hernán Cortés, como hemos visto, enviaba a España a Montejo y Portocarrero con una relación detallada
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Debió de ser entonces cuando el conquistador, para prevenir tentaciones, resolvió inutilizar los
barcos que había llevado consigo. Excepto los que utilizaron Montejo y Portocarrero para volver a
España, los demás fueron varados. La
tradición nos ha legado la imagen de Hernán Cortés quemando las naves para no volver atrás, una estampa muy del gusto clásico. En realidad no los quemó, sino que ordenó barrenar el casco, de manera que se hundieron sin posibilidad de salir a flote. Cortés adujo que era
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