DE TERTULIA
Hoy día, diecisiete de octubre de dos mil nueve.
En una silla de mimbre con gorra y bastón, Don Dionisio y su esposa Antonia me cuentan.
Que cuantos trabajos pasados, para vender esos peces que tanto los han hecho de trabajar.
Sin zapatos y apenas ropa, la vida de estos pescadores, al igual que las de todos los demás, ha sido dura.
Añorando su trabajo por los años, me cuentan que hasta cinco kilómetros andaba muchas veces con el trasmallo al hombro para pescar. Si se daba bien, había ... (ver texto completo)
Hoy día, diecisiete de octubre de dos mil nueve.
En una silla de mimbre con gorra y bastón, Don Dionisio y su esposa Antonia me cuentan.
Que cuantos trabajos pasados, para vender esos peces que tanto los han hecho de trabajar.
Sin zapatos y apenas ropa, la vida de estos pescadores, al igual que las de todos los demás, ha sido dura.
Añorando su trabajo por los años, me cuentan que hasta cinco kilómetros andaba muchas veces con el trasmallo al hombro para pescar. Si se daba bien, había ... (ver texto completo)