Hubo un tiempo en el que teléfono móvil no existía, las personas se encontraban sin previo aviso de visita, los amigos quedaban a una hora y nadie lo olvidaba, las tertulias no se cortaban por ningún intruso al que nadie le había invitado a esa reunión, donde las conversaciones que escuchabas siempre había como mínimo dos interlocutores, cuando para salir a la calle lo imprescindible era no olvidarte de las llaves, cuando un viaje, digamos a La Haba, duraba doce horas y todos tan tranquilos, y sí, ... (ver texto completo)