Avanza febrero y en el aire se respira una cierta sensación de impaciencia, las
noches son aún muy frías; el suelo sigue cubierto de
nieve. Y a lo largo de un mes de febrero tan loco como este, las nubes aparecen y desaparecen, el viento frío arrecia. Pero el aire ya huele a bosque; basta que la atmosfera se temple, que un rayo de sol atraviese las copas de los
arboles para que las aves forestales improvisen sus primeros cantos. Es como si no pudieran contenerse, con la
primavera todavía lejos pero
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