En la montaña sagrada que tiene dientes de sierra, desde allí arriba, en lo más alto, contemplaba el panorama.
Un monje benedictino con cara de ser feliz, cruzó presuroso el patio de la abadía
A reunirse con sus iguales para hacer misa cantada. Y se escuchó el virolai; rosa de abril que interpretan donceles de escolania con la voz bien afinada.
Multitud con mil acentos confusos que se mezclan e interpretan con la mejor voluntad hasta llegar a entender. Más allá, valles profundos y ubérrimas ... (ver texto completo)
Un monje benedictino con cara de ser feliz, cruzó presuroso el patio de la abadía
A reunirse con sus iguales para hacer misa cantada. Y se escuchó el virolai; rosa de abril que interpretan donceles de escolania con la voz bien afinada.
Multitud con mil acentos confusos que se mezclan e interpretan con la mejor voluntad hasta llegar a entender. Más allá, valles profundos y ubérrimas ... (ver texto completo)