Para poder borrar algo de nuestra memoria, es necesario que primero esté; ya es hora de que sepamos la otra memoria que nunca nos contaron, o que nos hicieron olvidar a fuerza de terror y represalia. Se lo debemos a todas esas victimas inocentes que murieron sin ni siquiera saber porque, y aquellas otras que cayeron y no en un frente, por defender algo legalmente constituido. Ya es hora, de poner nombres a aquellos que se han quedado olividados por el miedo y el dolor. Un pueblo que olvida esta condenado ... (ver texto completo)
