De vez en cuando me miro las manos.
Es entonces cuando quiero llorar.
Empiezo allí mismo el tercer misterio,
y me consuelo pensando que ya
quedará poco, que pronto veré
al abuelo. De mi esposo no quiero
acordarme, que es muy grande la herida.
Ataviado de luz llega mi nieto,
me observa fijamente y me pregunta:
¿abuela, qué tienes en la mirada? ... (ver texto completo)
Es entonces cuando quiero llorar.
Empiezo allí mismo el tercer misterio,
y me consuelo pensando que ya
quedará poco, que pronto veré
al abuelo. De mi esposo no quiero
acordarme, que es muy grande la herida.
Ataviado de luz llega mi nieto,
me observa fijamente y me pregunta:
¿abuela, qué tienes en la mirada? ... (ver texto completo)
A las nueve de la mañana empiezo
el cuarto misterio, en la terraza.
Los ojos se me van de la muchacha
que abre la tienda del Todo a Cien
a los gitanos que venden la fruta
en medio de la acera. En el aire
persiste el trajín que yo he vivido,
como una música que se repite
de generación en generación.
Al fondo de la avenida se ven ... (ver texto completo)
el cuarto misterio, en la terraza.
Los ojos se me van de la muchacha
que abre la tienda del Todo a Cien
a los gitanos que venden la fruta
en medio de la acera. En el aire
persiste el trajín que yo he vivido,
como una música que se repite
de generación en generación.
Al fondo de la avenida se ven ... (ver texto completo)