Los calçots se cocinan a la brasa (y si no es posible, los hacemos al horno) y una vez asados, es decir, cuando la punta está tierna y la capa externa completamente negra (chamuscada), se envuelven en papel de periódico para que en el momento de comerlos sigan calientes. Se llevan a la mesa todavía envueltos y puestos sobre una teja.
Cada comensal hace uso de un enorme babero especial para calçotadas, el fin es no preocuparse por ensuciarse y disfrutar comiendo. Los calçots se cogen por la punta ... (ver texto completo)
Cada comensal hace uso de un enorme babero especial para calçotadas, el fin es no preocuparse por ensuciarse y disfrutar comiendo. Los calçots se cogen por la punta ... (ver texto completo)
Los calçots se comen de un modo muy peculiar, tan peculiar como su sabor, el que los prueba por primera vez, suele repetir, no sólo por lo buenos que están, sino por la fiesta que se vive en torno a la calçotada.