LA VISIÓN DESDE CABINA:
El rugir de los motores es el latido, un pulso de metal con la alta velocidad, donde el tiempo se rinde al infinito en la cabina del convoy.
Frente al vidrio se extiende la mañana, dos cintas de acero en comunión, que perforan la niebla y la llanura bajo el mando sutil de la tracción.
El paisaje es un lienzo que se esfuma, los árboles danzan al pasar, mientras postes y pueblos quedan lejos en este eterno e invicto caminar.
Manómetros de aguja delirante, palancas que ... (ver texto completo)
El rugir de los motores es el latido, un pulso de metal con la alta velocidad, donde el tiempo se rinde al infinito en la cabina del convoy.
Frente al vidrio se extiende la mañana, dos cintas de acero en comunión, que perforan la niebla y la llanura bajo el mando sutil de la tracción.
El paisaje es un lienzo que se esfuma, los árboles danzan al pasar, mientras postes y pueblos quedan lejos en este eterno e invicto caminar.
Manómetros de aguja delirante, palancas que ... (ver texto completo)