En pleno derroche
primaveral el mes de Mayo aparece con intenso verdor,
caprichosamente salpicado de
colores por ribazos, cunetas, valdíos y
jardines. Esta efervescencia natural se transmite contagiosamente a los
cuerpos jovenes, que brotan a la vida empujados por la savia del anhelo.
En "aquellos entonces" que la inconsciencia varaba entre la duda y la curiosidad, Mayo me parecía un lugar maravilloso.
Como mes de María, mes de las
flores, en la
escuela de las chicas hacían un altarcillo a
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