Tengo más de cuarenta años y estoy tocando el tambor desde que tenía tres. Nunca me ha gustado tocar a deshoras, ni mucho menos hacerlo al paso de la procesión; pero considero que hubo una época en la que nuestros gobernantes dejaron manga ancha a los tamboristas, años ochenta y noventa, porque eso era signo de modernidad y libertad. Muchos de los tamboristas que ahora tienen entre veinte y treinta años vivieron aquellos años en los que nadie ponía impedimentos para tocar el tambor cuando apeteciera ... (ver texto completo)