Recuerdo cuando llagaba a la punta del
caño, para mi, era otro clima, otro
color del
cielo, otro aroma distinto, otro
paisaje inigualable.
Que infancia más pobre y más rica al mismo tiempo, no nos faltaba de nada, y carecíamos de todo, pero éramos
felices, con el simple
paseo en burro, ayudar a tu
familia; andar desde el Alto-
Aledo a la Punta del caño y viceversa.
Recuerdo que los que llegábamos de fuera, o por lo menos yo, solo queríamos sentirnos útiles, ayudar en las labores del
campo, en las
... (ver texto completo)