CARAVACA DE LA CRUZ: Pues sí, lo he leido, y creo que no es para tanto como...

Pues sí, lo he leido, y creo que no es para tanto como lo pintan. Lo voy a pegar aquí para que ustedes lo lean. No se demasiado de todo esto, pero al leerla no creo que sea hacia los Caballos del Vino. En fín, así es como se puede leer en Internet. No se si en la edición impresa iba algo más. Este es el polémico artículo.


CRíTICA DE MúSICA

Los caballos del vino
JAM ALBARRACíN/

ALEGRES. Un momento del concierto de la Fanfare Ciocarlia, una fiesta musical con ecos orientales que divirtió el domingo al público del Auditorio.

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Concierto: Fanfare Ciocarlia. Formación: Ioan Ivancea (clarinete) y otros ocho metales y dos percusiones. Lugar: Sala Miguel ángel Clares del Auditorio Víctor Villegas, 19 de marzo. Calificación: Cierto interés.


Sorprendentemente y sin duda gracias a los filmes de Emir Kusturica, y como consecuencia al éxito comercial de Goran Bregovic, la música tradicional de los Balcanes ha alcanzado cierta popularidad en Occidente. Es por ese flanco abierto por donde se ha colado, gracias a la iniciativa de algún avispado promotor, la propuesta de la Fanfare Ciocarlia, banda de metales de la ignota zona fronteriza entre Rumania y Moldavia, que ofrece música gitana folclórica y festiva.

Como si de un entusiasta equipo de fútbol se tratase, uno para todos y todos para uno, la Ciocarlia ofrece un repertorio de ritmos vertiginosos, alegres, saltarines. Verbena balcánica con aromas orientales -sobre todo en las piezas vocales- que sugiere aire libre, vino barato y mujeres de carcajadas poco elegantes y que se advierte óptima para el Entierro de la Sardina o los Caballos del Vino, mas no tanto para butaca y auditorio. Como meterse en medio de los tambores de Mula o Moratalla sin haber empinado el codo antes. Duro.

Los principales valores de la música de la Fanfarria Ciocalia, el enunciado no engaña, radican en la complicidad de un oyente predispuesto al desparrame festivo. Pásame la bota, María. También en el componente de exotismo de unos sonidos que, aunque cada vez más familiares, no dejan de resultar remotos y por tanto sugerentes. Si se piensa, ambos valores son rotundamente circunstanciales, nunca esenciales. La valoración de la música en sí misma, por tanto, palidece. Lo cual no quita que pueda ser una propuesta exultante, frenética y divertida, si lo que uno busca es bloquear durante un tiempo la razón, ejercicio esporádicamente saludable en todo caso.

Animadores

Sacada de su contexto, empero, viene a ser como el Tío de la Pita sin gigantes ni cabezudos; como el domador sin elefantes; como el gitano de la Plaza de las Flores sin la cabra. Resulta simpático, todo el concierto lo es, escuchar sus aproximaciones al tango o el bolero, así como esa adaptación del tema principal de Bond, James Bond. Conseguirán que el público baile y palmee -cierto grupo, desde el primer tema- y que la comunión sea palpable. Son animadores, tanto como músicos o incluso antes.

Que realizadores como Fatih Akim o álex de la Iglesia hayan incluido sus piezas en la bandas sonora de alguna de sus películas ratifica mis palabras, porque la música de Fanfare Ciocalia remite de manera muy gráfica a un espacio y un estado anímico concretos. Como una fotografía de gran precisión que, convendrán conmigo, procede ver en una sala de exposiciones. Al tamaño y con la iluminación adecuadosn completo.