MOSTOLES: DÍA – 5 – 3 – 2026;...

DÍA – 5 – 3 – 2026;
LA NOSTALGIA DEL PASADO:
Recorriendo las calles de Móstoles, tenía muchísimas ganas de volver a la que fue mi primera casa, allí pase los primeros años de casada, donde tuve a mi hijo y también donde lo pase muy mal por culpa de la enfermedad de mi marido, a pesar de todo es la casa que más cariño la tengo. Tanto es así que si pudiera la volvería a comprar, para vivir en ella.
Cuando nos dieron la vivienda nosotros decidimos ponerla a nuestro gusto, reformándola por completo. Antes de habitarla, en nuestro tiempo libre lo dedicamos a recorrer las tiendas de decoración, lo que no tocamos fueron los baños, la verdad era lo que más nos gustaba, tenía una bañera redonda muy grande y una mampara que dividía los dos baños, eran muy originales. Cerramos la terraza que daban a las habitaciones, la del salón la dejamos tal como estaba era muy grande y en el verano hacíamos la vida en ella. Como sentía ganas de volver al sitio donde empecé una nueva vida. Después de más de treinta años volví, pero no reconocía nada de lo que yo buscaba no entendía como era posible tal cambio, cuando yo estaba allí desde mi ventana veía el campo, las vaquerías donde íbamos a por la leche, no teníamos hospital, el edificio donde yo vivía no lo encontraba, pues estaba todo cerrado vallado los soportales donde jugaban los niños estaban desconocidos, me sentí fuera de lugar, recorrí una y otra vez la urbanización hasta que di con ella. Esperé para ver si salía alguien para poder entrar, cuando lo conseguí me subí hasta el sexto piso que era donde yo vivía, pero no me decidí a llamar, ¿Qué podía decir que quería ver la casa? Ma baje piso por piso por si tenia suerte y me encontraba con algún vecino conocido cosa que no paso. El dejar esa casa no fue un capricho fue necesidad, el venir a trabajar a Madrid era una aventura por las caravanas que se formaban en la carretera, se perdía muchísimo tiempo hasta llegar al más allá como se le llamaba entonces. Es por eso que decidimos vender nuestra querida casa. Yo me recorrí todo el barrio de Pacifico, porque mi marido trabajaba en la calle Pajaritos, había días que me bajaba con él, pero la mayoría lo hacía en el metro con el niño en la sillita. Nos costó decidirnos, porque era desolador viendo los pisos tan destartalados, comparándolos con lo que ibamos a dejar. Pero se impuso la cordura dejando los sentimientos a un lado. Porque mi marido no estaba nada bien, y eso pudo más que nuestra coqueta vivienda. Se dice que cuando DIOS cierra una puerta te abre una ventana. Tardamos, pero al final conseguimos una vivienda nueva, en la que estoy viviendo, eso no impide que sienta morriña por la primera, a pesar de que nada tiene que ver una con la otra, tuvimos mucha suerte, en lo económico no así en la salud, que todo fue a peor en lo relacionado con la enfermedad de mí marido siempre estábamos en los hospitales. Pero eso es otro tema muchísimo más delicado, que en este momento no me siento capaz de relatar.
ROSARIO FAJARDO BLANCO.