CON UNA MALETA DE CARTÓN PIEDRA
Así llamaban entonces a las maletas de cartón duro, y aquel joven con diecinueve años salia de su pueblo, camino de un futuro incierto, pero que le resulto ser un buen remedio, en aquel tren entonces llamado tranvía, se tardaban cinco horas hasta su destino, una ciudad que terminaba de tener dos millones de habitantes, era un tren que paraba en todas las estaciones, muy poco tiempo quizá un minuto, para subir a los vagones de viajeros sus pertenencias, incluso alguna gallina o animal doméstico, este joven desde el pasillo del vagón, miraba hacia el entorno por donde pasaba dicho tren, era época de otoño, un domingo del mes de octubre, se veía un ambiente de querer cambiar todo aquel mundo de vivir en soledad, por llegar a donde el trafico de coches y demás cosas eran abundantes, En la mitad del camino le pidieron la documentación, su carnet de identidad, y la pregunta de a donde se desplazaba, el joven tranquilo y sin ponerse nervioso les contesto a la pareja de la Guardia Civil, que vieron normal el intentar vivir otra vida fuera de su tierra, Este joven en su pueblo los días que por las noches hacía frío, se dedico a contemplar el mapa de esa localidad que crecía a pasos agigantados, teniendo sus calles y barrios en su cerebro metidos, Este joven tenía en esa ciudad tres amigos de la infancia, que enseguida se puso en contacto con ellos, Fueron tiempos de conocer nuevas personas, de soñar con una joven que se quedó en su pueblo, de trabajos que fueron sencillos, sobre todo el ser conductor de vehículos de motor, de ver la vida pasar sin conocer caciques, sin el miedo a la represión de personas que solo miraban por sus intereses, fueron tiempos de poder pisar la Universidad Complutense y sus comedores, con sus compañeros de pensión, y estudiantes formados, incluso en algunas cenas haciendo sonar cucharas o tenedores, al estar la comida no muy buena, en ese ambiente de personas jovenes, incluso ir al Consulado, un baile de juventud de moda entonces, “Con su Jaula de Oro” bañada en ese metal, donde bailaban dentro hasta tres parejas, Este joven aprovecho su estancia en esa ciudad enorme, para estudiar en una academia de cultura general, llamada Minerva. En La Glorieta de Los Cuatro Caminos, y poder mejorar sus estudios, ya que en el colegio de su infancia le faltó tiempo de enseñanza, su vida en esa ciudad se desenvolvió sin demasiados problemas, y las amistades de nuevas personas que como él tuvieron que emigrar, fueron parte de su mundo, en donde jamás tuvo problemas. Esa ciudad tenía medio millón de habitantes al terminar la guerra incivil, y con las personas que llegaron a su entorno, hoy día en su provincia existen siete millones de seres humanos. G X Cantalapiedra. 14 – 2 – 2026.
Así llamaban entonces a las maletas de cartón duro, y aquel joven con diecinueve años salia de su pueblo, camino de un futuro incierto, pero que le resulto ser un buen remedio, en aquel tren entonces llamado tranvía, se tardaban cinco horas hasta su destino, una ciudad que terminaba de tener dos millones de habitantes, era un tren que paraba en todas las estaciones, muy poco tiempo quizá un minuto, para subir a los vagones de viajeros sus pertenencias, incluso alguna gallina o animal doméstico, este joven desde el pasillo del vagón, miraba hacia el entorno por donde pasaba dicho tren, era época de otoño, un domingo del mes de octubre, se veía un ambiente de querer cambiar todo aquel mundo de vivir en soledad, por llegar a donde el trafico de coches y demás cosas eran abundantes, En la mitad del camino le pidieron la documentación, su carnet de identidad, y la pregunta de a donde se desplazaba, el joven tranquilo y sin ponerse nervioso les contesto a la pareja de la Guardia Civil, que vieron normal el intentar vivir otra vida fuera de su tierra, Este joven en su pueblo los días que por las noches hacía frío, se dedico a contemplar el mapa de esa localidad que crecía a pasos agigantados, teniendo sus calles y barrios en su cerebro metidos, Este joven tenía en esa ciudad tres amigos de la infancia, que enseguida se puso en contacto con ellos, Fueron tiempos de conocer nuevas personas, de soñar con una joven que se quedó en su pueblo, de trabajos que fueron sencillos, sobre todo el ser conductor de vehículos de motor, de ver la vida pasar sin conocer caciques, sin el miedo a la represión de personas que solo miraban por sus intereses, fueron tiempos de poder pisar la Universidad Complutense y sus comedores, con sus compañeros de pensión, y estudiantes formados, incluso en algunas cenas haciendo sonar cucharas o tenedores, al estar la comida no muy buena, en ese ambiente de personas jovenes, incluso ir al Consulado, un baile de juventud de moda entonces, “Con su Jaula de Oro” bañada en ese metal, donde bailaban dentro hasta tres parejas, Este joven aprovecho su estancia en esa ciudad enorme, para estudiar en una academia de cultura general, llamada Minerva. En La Glorieta de Los Cuatro Caminos, y poder mejorar sus estudios, ya que en el colegio de su infancia le faltó tiempo de enseñanza, su vida en esa ciudad se desenvolvió sin demasiados problemas, y las amistades de nuevas personas que como él tuvieron que emigrar, fueron parte de su mundo, en donde jamás tuvo problemas. Esa ciudad tenía medio millón de habitantes al terminar la guerra incivil, y con las personas que llegaron a su entorno, hoy día en su provincia existen siete millones de seres humanos. G X Cantalapiedra. 14 – 2 – 2026.