La mujer ciega que descubrió el mar
La familia de una víctima del 30-de viaja a Valencia tras los pasos del hijo
"¿Y toda esta agua adónde va?", pregunta María Basilia, de 60 años, mirando con recelo el mar Mediterráneo desde las arenas de la Malvarrosa, en Valencia. María Basilia perdió a su hijo, el ecuatoriano Carlos Alonso Palate, en el atentado de ETA del 30 de diciembre en la terminal te-4 de Barajas. Ayer descubrió el mar.
María Basilia, madre de Carlos Alonso Palate: "Mi marido me decía que el mar es muy triste"
"Es que cuando yo era chica mis mayores me contaban que el sol se junta con el mar en algún sitio... ¿pero dónde va toda esta agua?", insiste, mientras entrecierra los ojos y se ajusta el poncho azul. La mano derecha la tiene firme sobre el sombrero negro con pluma, por si se vuela. La mujer, que nunca salió de su aldea, allá en Ecuador, no quiere pisar la arena: "Es que mi marido me decía que el mar es muy triste". Luego se anima, camina despacio arremangándose la falda larga y plisada y cuando está a pocos metros de las olas desconfía y da marcha atrás. "Es muchísimo más", contesta, cuando se le pregunta cómo se lo imaginaba. Luego arruga la nariz y dice: "El agua huele raro".
Estas son noticias de las que uno debe sentirse orgulloso de daros..
PIO..PIO.
La familia de una víctima del 30-de viaja a Valencia tras los pasos del hijo
"¿Y toda esta agua adónde va?", pregunta María Basilia, de 60 años, mirando con recelo el mar Mediterráneo desde las arenas de la Malvarrosa, en Valencia. María Basilia perdió a su hijo, el ecuatoriano Carlos Alonso Palate, en el atentado de ETA del 30 de diciembre en la terminal te-4 de Barajas. Ayer descubrió el mar.
María Basilia, madre de Carlos Alonso Palate: "Mi marido me decía que el mar es muy triste"
"Es que cuando yo era chica mis mayores me contaban que el sol se junta con el mar en algún sitio... ¿pero dónde va toda esta agua?", insiste, mientras entrecierra los ojos y se ajusta el poncho azul. La mano derecha la tiene firme sobre el sombrero negro con pluma, por si se vuela. La mujer, que nunca salió de su aldea, allá en Ecuador, no quiere pisar la arena: "Es que mi marido me decía que el mar es muy triste". Luego se anima, camina despacio arremangándose la falda larga y plisada y cuando está a pocos metros de las olas desconfía y da marcha atrás. "Es muchísimo más", contesta, cuando se le pregunta cómo se lo imaginaba. Luego arruga la nariz y dice: "El agua huele raro".
Estas son noticias de las que uno debe sentirse orgulloso de daros..
PIO..PIO.