EL CRECIMIENTO DE UNA CIUDAD, LEGANES:
Las ciudades, llámese Leganés, no se construyen solamente con calles, edificios o servicios públicos. Se levantan también con memoria. Con los recuerdos compartidos. Los símbolos que pasan de una generación a otra. Y con esa forma tan especial de reconocerse como parte de una misma comunidad.
RECORDANDO SU HISTORIA:
Leganés cumple 400 años como Villa y esta conmemoración es una oportunidad primordial para mirar hacia atrás con orgullo, entender mejor quiénes somos y saltar juntos al futuro.
El 6 de septiembre de 1626 comenzó uno de los episodios decisivos de nuestra historia. Aquel día, Bernardino de Arteaga, representante de don Diego Mesía Felípez, tomó posesión de la entonces aldea de Leganés. Fue el primer paso de un proceso que culminaría al año siguiente. El 15 de marzo de 1627, el rey Felipe IV dictó el decreto que nos otorgó la condición de Villa y, el 22 de junio, nombró marqués de Leganés a don Diego Mesía.
Aquellos acontecimientos supusieron mucho más que un cambio administrativo. Leganés dejó de ser una aldea dependiente de Madrid y comenzó a recorrer su propio camino. Adquirió una personalidad política e institucional propia. Empezó, en definitiva, a ser dueña de su destino.
Las ciudades, llámese Leganés, no se construyen solamente con calles, edificios o servicios públicos. Se levantan también con memoria. Con los recuerdos compartidos. Los símbolos que pasan de una generación a otra. Y con esa forma tan especial de reconocerse como parte de una misma comunidad.
RECORDANDO SU HISTORIA:
Leganés cumple 400 años como Villa y esta conmemoración es una oportunidad primordial para mirar hacia atrás con orgullo, entender mejor quiénes somos y saltar juntos al futuro.
El 6 de septiembre de 1626 comenzó uno de los episodios decisivos de nuestra historia. Aquel día, Bernardino de Arteaga, representante de don Diego Mesía Felípez, tomó posesión de la entonces aldea de Leganés. Fue el primer paso de un proceso que culminaría al año siguiente. El 15 de marzo de 1627, el rey Felipe IV dictó el decreto que nos otorgó la condición de Villa y, el 22 de junio, nombró marqués de Leganés a don Diego Mesía.
Aquellos acontecimientos supusieron mucho más que un cambio administrativo. Leganés dejó de ser una aldea dependiente de Madrid y comenzó a recorrer su propio camino. Adquirió una personalidad política e institucional propia. Empezó, en definitiva, a ser dueña de su destino.