No llevan corona de oro ni estatuas de sal en la memoria, son manos que harán la sombra y encienden la aurora.
No esperan el eco del trueno ni aplausos del tiempo, sino sembrar una grieta en el muro del miedo.
Cambiaron el mundo los de paso firme y voz baja, los que abrieron caminos donde la hierba se baja, los que dieron el pan dividiendo su propia hambre, y tejieron con hilos de fuego un nuevo estambre.
Unos cruzaron los mares buscando otra estrella, otros curaron...