AÑOS QUE NO VISITABA CERCEDILLA
Hace muchos años que no visitaba Cercedilla, el pueblo de la Sierra de Madrid donde los pinos la mayoría son derechos como velas, Este pueblo de calles estrechas, que están complicadas para circular por ellas, aunque sientas ese olor a resina que se te inundan los pulmones, hemos subido por la carretera estrecha, donde solo pueden pasar la barrera de esa subida a la Sierra coches autorizados o guardas del monte, esta mañana eran muchas las bicicletas sobre todo eléctricas que vinos en nuestro caminar de casi dos horas subiendo, eran incluso grupos de mujeres que intentaban subir hacia esa cima, Tuve que parar la subida, mi perro Triki y yo nos sentimos cansados de tanto caminar cuesta arriba, los paisajes eran verdaderamente de acantilados con chorreras de agua bajando hacia el valle, Los pinos derechos como queriendo subir al cielo de esa sierra hoy sin nubes de lluvia, aunque no podíamos ver el Sol por la cantidad de pinos en todo el recorrido que era muy grande y bello, Pudimos volver en hora y pico, la bajada era más descansada, y el perro podenco Triki se fijó en una ardilla que subía aun pino como si fuera de paseo, intento atraparla, valiente error, tuve que sujetarlo para que no se cayera por esas laderas que son peligrosas para los seres humanos, Cuando llegamos al aparcamiento estaba al completo, pudimos circular con un poco de paciencia camino de la Carretera de Colmenar, donde en la Autovía tiene una gran obra para hacer un carril más, el resto del camino fue todo normal, tengo que decir que el corazón de ese pueblo, Cercedilla, sigue igual que hace unos veinte años, es pura Sierra, y su imagen no ha perdido nada, Los pinos son testigos de ver pasar los años sin sentirse fuera de su paisaje, merece la pena subir a la Sierra en días claros. G X Cantalapiedra. 9 – 4 – 2026.
Hace muchos años que no visitaba Cercedilla, el pueblo de la Sierra de Madrid donde los pinos la mayoría son derechos como velas, Este pueblo de calles estrechas, que están complicadas para circular por ellas, aunque sientas ese olor a resina que se te inundan los pulmones, hemos subido por la carretera estrecha, donde solo pueden pasar la barrera de esa subida a la Sierra coches autorizados o guardas del monte, esta mañana eran muchas las bicicletas sobre todo eléctricas que vinos en nuestro caminar de casi dos horas subiendo, eran incluso grupos de mujeres que intentaban subir hacia esa cima, Tuve que parar la subida, mi perro Triki y yo nos sentimos cansados de tanto caminar cuesta arriba, los paisajes eran verdaderamente de acantilados con chorreras de agua bajando hacia el valle, Los pinos derechos como queriendo subir al cielo de esa sierra hoy sin nubes de lluvia, aunque no podíamos ver el Sol por la cantidad de pinos en todo el recorrido que era muy grande y bello, Pudimos volver en hora y pico, la bajada era más descansada, y el perro podenco Triki se fijó en una ardilla que subía aun pino como si fuera de paseo, intento atraparla, valiente error, tuve que sujetarlo para que no se cayera por esas laderas que son peligrosas para los seres humanos, Cuando llegamos al aparcamiento estaba al completo, pudimos circular con un poco de paciencia camino de la Carretera de Colmenar, donde en la Autovía tiene una gran obra para hacer un carril más, el resto del camino fue todo normal, tengo que decir que el corazón de ese pueblo, Cercedilla, sigue igual que hace unos veinte años, es pura Sierra, y su imagen no ha perdido nada, Los pinos son testigos de ver pasar los años sin sentirse fuera de su paisaje, merece la pena subir a la Sierra en días claros. G X Cantalapiedra. 9 – 4 – 2026.