ARANJUEZ (Madrid)


Plaza de Parejas y Palacio Real
Aranjuez, la ciudad de la hermosura,
abre su perspectiva a lo bello,
enciende los sentidos sus destellos,
dilata las pupilas su visión pura

abrochando imágenes de ternura.
Su ciudad, vegetación, su azul cielo
encierran un duende, un caramelo
dentro, donde se degusta la dulzura,

al son de las notas de un concierto,
en jardines que embellecen la mirada,
el agua que tocan las castañuelas

junto al palacio, audaz, despierto
cambia su estado, antes remansada,
ahora, alegre corre, canta y riela.
JARDÍN DE ARANJUEZ

Cada hoja, una palabra,
un libro, la biblioteca entera
en la copa de un árbol.
Un color, un gesto, una idea,
un parlamento, un hablante
cada rama de ese vivero
de troncos centenarios
y jóvenes pimpollos.
Una ciudad colmada de habitantes
que respiran, que transforman
la materia en vida a la vida.

Cada tallo es un gimnasio,
una fuente de sabia,
un almacén de sueños
que hacen de parador,
de aeropuerto, de mirador,
de tobogán, de trampolín.
Toda una feria de la vida,
un mundo de altas esperas,
altas horas de la noche
donde se funden los brotes
oscuros, en destellos de sol naciente
cada día que amanece
y la luz va dando forma a las cosas,
soltando con alas a la libertad
lo que la noche apresó
y comienzan a latir historias,
personajes que se mueven
en una reserva de oxígeno,
lanzando los sueños ocultos en sus hojas
donde la ternura tintinea,
en ejercicios masivos de emoción
de un corazón en la intemperie,
con fuentes de fuente mitológica,
chorros de agua, de energía,
de jarrones que atraparon el arte,
calles donde la perspectiva
juega a unir el infinito,
el arte de la forma,
y el juego del vegetal.

Este es mi relato y mi gratitud,
mi emoción como admirador
del jardín, el libro de la vida
con letras de renovación
en sus hojas de respuestas.
ADIÓS AL OTOÑO

Con el viento, con la lluvia
de estos días pasados,
el color del otoño va mermando,
se va acercando a su adiós.

La naturaleza impone su ley
y no hay manera de regatearla
para que aguante un poco más,
esa especie de culmen de su vida.

Innegociable, habrá que hacer
frente a lo previamente impuesto
por ella y prepararse para el invierno,
especie de letargo
o tiempo de incubación
hasta llegar a la nueva primavera,
con su vida renovada,
sus nuevos colores,
con su nuevo tiempo de ilusión,
de andar sencillo y ágil,
como empujado por una ligera brisa
de esperanza que cubre el pasado
y nos incendia de pasión el presente.

Mientras tanto, mientras pasa noviembre
y parte de diciembre, habrá otoño.
ARANJUEZ ES POESÍA

Aranjuez es poesía. Con su paisaje
produce el milagro de lo inexplicable,
centrifuga la percepción de los sentidos
para que contemplen y escuchen su mensaje
y compartiendo el mismo escenario
ofrece la comprensión mutua,
el gozo de la contemplación
que entusiasma y alegra la vida,
calando su tatuaje en la retina
hasta el corazón donde
quedan sus rincones con su peculiar sabor,
sus colores, sus contornos
formando la figura singular,
el hilo del recuerdo que termina atándote
en su paraíso de emociones, paz y calma.
El mundo de los sentidos indescriptibles,
tan solo perceptible, por ser
poesía Aranjuez.
Aramjuez son las letras
de la exposición pictórica
que móviles, cámaras y ojos,
abiertos de par en par
contemplan a orillas y
desde el Tajo.

En su interior la arquitectura
da lugar a la ciudad con sus calles,
plazas, mercados y servicios que
alberga la parte más importante
de la exposición: su calor humano
que sigue recordando imágenes,
sus aconteceres diarios,
sintiendo el pulso de la vida
junto a las palpitaciones bellas
de su entorno natural.
ARANJUEZ OTOÑAL

Donde el color pinta
la ventana llena de sol,
incita las ansias de ver
como si lo bello hablara.
Como incrustado seductor,
su expresión atrapa,
brilla, hace arte los sentidos,
seducción, renovación
y un lugar sagrado en la emoción.

Revienta el color
en misiles de matices
y cada uno, a su vez, en sueños
que merodean los jardines
en rosas con rocío.

Sensación que vibra
ante tanta bondad,
dibujando contornos en
miradas de admiración
como fuegos artificiales que iluminan
las profundidades del alma,
pero al contrario que los artificios,
estas sensaciones quedan para siempre.

Una fiesta de los sentidos
esparcida por los jardines,
entre fuentes y palacios,
bajo un cielo azul
que la encadena con su luz.

Algún faisán, pavo real, la ardilla
que trepa el árbol, tras escuchar el bosque,
mirlos, animales salvajes
que colman las delicias.
Con sus vuelos y correteos
rubrican esta obra maestra de los sentidos,
biografía del cielo destinada en Aranjuez,
el océano del árbol, paraíso de la ternura,
aluvión de la belleza, pasarela del creador,
sobre el roce de la luz eterna,
iluminando, e iluminado
con bombillas de colores
que la magia fue encendiendo.

El Tajo comunicando vida,
encargado de la fertilidad,
abre sus ojos y sus manos colocan
el cuerno de la abundancia
en la estatua de Vertumno,
encargado de distribuir los
frutos y la vida vegetal,
marcando luego las estaciones
y eligiendo él la otoñal, según
su cornucopia, llena de frutos
propios de la estación.

Su lugar en el jardín nos evoca
a conjugar el verbo ver, mirar,
disfrutar, pasear, contemplar,
descansar, vivir, calmar, relajar y un largo
etcétera, pasando por el construir,
conservar y respetar esta gran obra
del hombre que contribuyó con el creador
a hacer posible el disfrute de sentidos
en Aranjuez otoñal.
Pasear por Aranjuez es
seguir un libro con ilustraciones
bellas que lees y ves
pasando renglones,
historia del mundo y sus conexiones.

Entre naturaleza
el latido de la vida, despierta
habida su belleza,
esa lectura cierta,
fascinante, hermosa y abierta.
Ruinas de antiguos cuarteles ribereños
ARANJUEZ

Quiero perderme en el paisaje
que me ofrece tu naturaleza,
sentir los recuerdos bajo el ramaje
por donde se filtra esa grandeza

de árbol que crece y se despereza,
donde la hormiga describe sus viajes,
arriba y abajo por la corteza
y de su afán tomar el mensaje.

Catedral del árbol con tu aire puro,
con absoluta libertad para quedarse,
marcharse, volver y regenerarse.

Enraizado museo en suelo seguro,
en un todo, ordenado colectivo,
Real Sitio de Aranjuez, estoy contigo.
LOS CHINESCOS

Del siglo de las luces proviene
este jardín amglochino
que en Aranjuez deleita.

Al completo nos muestra
la clásica arquitectura,
los recuerdos a Egipto,
la alusión a China.

El agua, denominador común,
unión de continentes,
África y América con su arbolado
embellecen este capricho,
conjunto de sensaciones,
símbolo del globo terráqueo,
tarjeta pintoresca de amor
con su carga romántica.
Su belleza aumenta en otoño.
Un torrente de colores se esparcen
pintando sus elementos que
resaltan la sabiduría
que el hombre conjugó
con ayuda del Creador
y ese símbolo terráqueo pasa a ser celestial.
EL COLOR DE ARANJUEZ

Vivir y sentir los espacios,
es degustarlos,
es recrearse en cada uno
de sus colores, sonidos, silencios,
apreciar el instante,
la duración del tiempo
y lo que éste hace con
la transformación de su realidad.

Ver derramarse el otoño en Aranjuez,
es llenar de matices la vida,
regresar a sus primaveras embellecidas
con sus frutos maduros,
la exposición de una verdad
que te invita a caminar
a cambio de cosas menores
y a seguir el ritual de nuestros genes
al hacer de nuestra vida, cien mil colores
y a la enésima potencia,
convertirlos en momentos dulces
y en la más gustosa y limpia de las miradas.
bonito afoto comparado con los muros de china
Aranjuez como siempre inigualable, a nosotros lo que más nos gusta es el gran jardín del príncipe
https://enpareja2. com/que-ver-en-aranjuez/
El jardín del Príncipe alcanza su máximo esplendor
Excelente foto, Carmen. Buen ojo y buen encuadre.