El Fuerte de Victoria Grande fue construido entre 1735 y 1736 bajo la dirección del ingeniero
militar Juan Martín Zermeño, con el objetivo de reforzar la defensa de
Melilla frente a posibles ataques, especialmente desde la estratégica Altura del Cubo, desde donde los enemigos podían emplazar artillería contra la ciudad. Durante el sitio de Melilla de 1774-1775, el fuerte jugó un papel fundamental en la defensa de la ciudad. Desde sus galerías subterráneas se llevaron a cabo maniobras de contraminado para neutralizar los
túneles que los sitiadores excavaban con el fin de volar las
murallas.