Era feliz en la masturbación. Al principio probó a cohabitar con mujeres, pero se percató de inmediato de que nada había similar siquiera en gozo a la solitaria autocomplacencia. Durante años derramó su semilla al estímulo de sus manos, hasta que un día perdió ambas en un accidente laboral. Sobreponiéndose a la tragedia, ejercitó con los pies hasta conseguir llegar con ellos, indistintamente, hasta su miembro, de modo que pudo continuar con su placentero y perfeccionado tocamiento. Dos años después, ... (ver texto completo)