De verdad que cada día me siento más singular en frente de toda esta infinita gama de seres plurales que pululan a mi alrededor. Parece ser que sólo los plurales detentan las esencias de la democracia; los seres singulares somos unos cavernícolas -según ellos- y unos indeseables que no nos merecemos ni el pan ni la sal. Yo me considero un ser singular realmente y no me importa ser un indeseable para todos los plurales; y por qué me consideran indeseable: Porque desde pequeño me enseñaron a amar a mi patria, España, a ser fiel y leal a mis amigos, a honrar a a mis antepasados, a ser moderado, solidario, noble de corazón y honesto en todos y cada uno de mis actos. Pues bien, tal vez sea esto lo que os ofende pero os aseguro que creo en lo que digo y que mis principios son tan válidos como los vuestros: vividores y progres de pacotilla.