Da igual la suma que se haga o el cálculo que pueda intuirse. Desde hace mucho tiempo, los partidos políticos catalanes tienen trazados sus planes. Y todos pasan por la exclusión que han venido practicando desde la transición.
De las elecciones regionales catalanas podía salir una unión temporal de racistas confesos o una no menos unida peña de racistas vergonzantes. Es decir, podía gobernar la región CiU y ERC o el casposo tripartito que convirtió los últimos años en un estercolero. Dicen que tampoco hay que descartar la melée CiU-PSC, aunque eso no hay quien se lo crea. En todo vaso da exactamente igual.
Para quien disiente en Cataluña, sea antinacionalista, o simpatizante de alguno de los partidos condenados al ostracismo por los arriba mencionados, u oyente ocasional o fiel de la COPE, emisora a la que se niega la libertad de expresión que se reclama para panfletos como Avui o individuos como Rubianes, o simplemente para quien en Cataluña opta por una educación en español o es castellanohablante, da exactamente igual quien vaya a gobernar. Ese dato no tiene la menor importancia.
La absoluta y total sumisión del socialismo al nacionalismo más racista de España convierte al PSC en un miembro más de la tribu étnica que otrora monopolizaban CiU y ERC. De modo que el resultado de las elecciones de ayer carece de la menor relevancia. Todos sabíamos que seguirían gobernando los mismos que durante las tres últimas décadas han promovido, alentado y amparado el ku klux klan catalanista. Pero.
Pero hay dos hechos demoledores que quiebran el panorama que nos pintan los racistas. Primero. La identidad le importa un cuerno a más de la mitad de la ciudadanía. No es cierto que los habitantes de Cataluña voten nacionalista.
Segundo. Ciudadanos ha entrado en escena. A pesar de los esfuerzos que el KKK ha venido haciendo en los últimos meses para silenciar a la nueva formación. A pesar de la complicidad turbia de toda la prensa catalana con las consignas de los partidos racistas que ostentan el poder y la oposición regionales. A pesar de haber sido ninguneados, insultados, perseguidos y agredidos. Las consecuencias de este hecho se dejarán sentir en los próximos años en toda España. Gracias a Dios.
El Farero de Capdepera.
De las elecciones regionales catalanas podía salir una unión temporal de racistas confesos o una no menos unida peña de racistas vergonzantes. Es decir, podía gobernar la región CiU y ERC o el casposo tripartito que convirtió los últimos años en un estercolero. Dicen que tampoco hay que descartar la melée CiU-PSC, aunque eso no hay quien se lo crea. En todo vaso da exactamente igual.
Para quien disiente en Cataluña, sea antinacionalista, o simpatizante de alguno de los partidos condenados al ostracismo por los arriba mencionados, u oyente ocasional o fiel de la COPE, emisora a la que se niega la libertad de expresión que se reclama para panfletos como Avui o individuos como Rubianes, o simplemente para quien en Cataluña opta por una educación en español o es castellanohablante, da exactamente igual quien vaya a gobernar. Ese dato no tiene la menor importancia.
La absoluta y total sumisión del socialismo al nacionalismo más racista de España convierte al PSC en un miembro más de la tribu étnica que otrora monopolizaban CiU y ERC. De modo que el resultado de las elecciones de ayer carece de la menor relevancia. Todos sabíamos que seguirían gobernando los mismos que durante las tres últimas décadas han promovido, alentado y amparado el ku klux klan catalanista. Pero.
Pero hay dos hechos demoledores que quiebran el panorama que nos pintan los racistas. Primero. La identidad le importa un cuerno a más de la mitad de la ciudadanía. No es cierto que los habitantes de Cataluña voten nacionalista.
Segundo. Ciudadanos ha entrado en escena. A pesar de los esfuerzos que el KKK ha venido haciendo en los últimos meses para silenciar a la nueva formación. A pesar de la complicidad turbia de toda la prensa catalana con las consignas de los partidos racistas que ostentan el poder y la oposición regionales. A pesar de haber sido ninguneados, insultados, perseguidos y agredidos. Las consecuencias de este hecho se dejarán sentir en los próximos años en toda España. Gracias a Dios.
El Farero de Capdepera.