Afortunadamente desde Madrid, su cinturón rojo y un estrato intelectual, artístico y progresista también piensan como vosotros, los progresistas catalantes. Aunque la catalanofobia se nos inculca desde los poderes públicos en manos populistas y azuzado a ser posible con ese reactivo social que es el fútbol. Durante la redacción del Estatut en el noble Madrid del barrio de Salamanca señoras ataviadas con trajes de pieles y dorados oropeles reclamaban firmas contra la traición patria que ese Estatut significaba, mientras algunos (pocos) ancianos firmaban con rostros cariacontecidos y algún jóven de pelo rapado miraba por allí pensando que menos firmas, más legión y un sinfín de camisas nuevas. El fin de España estaba cerca y había que atemorizar a las masas. Lo del estatut pasó, y ahora hay un nuevo enemigo, más poderoso todavía, no, no se piensen que son los que ponen bombas, no, son los que han trabajado por conseguir un final dialogado a la violencia. Afortunadamente su desmedida ambición de poder tan visiblemente vinculada al capital nacional y transnacional, unido a un talibalismo religioso en temas como la homosexualidad, la prostitución, el aborto terapéutico o la clase de religión obligatoria y puntuable están haciendo que nuestros queridos amigos de las pes, populistas, privatizadores, prevadicadores y promotores de pisos caros estén quedando aislados.
Ni firmo.
Ni firmo.