Además, hoy ya no quedan esos descampados enormes. Quizás en pueblos pequeños tienen esa suerte. En los descampados que yo jugué hoy viven apiñadas miles de personas. No saben que bajo tanto ladrillo y hormigón están escondidos tantos buenos momentos, tantos gritos, goles, alegrías y llantos, peleas, carreras, risas, abrazos, saltos, escondites, pedradas, echar a pies para escoger compañeros, partidos interminables, gritos de madres llamando a sus hijos.
Bnb.
Bnb.