5.OCASIONES PERDIDAS
En esos momentos Castilla es aún un país si no próspero, al menos si con algún sueño de futuro. Pero su economía, ligada casi exclusivamente a la agricultura, comienza a quedar desfasada frente a una Europa en vías de industrialización. Cataluña empieza un despegue industrial que ya no se verá frenado, más tarde vendrá la industrialización del País Vasco. Y Castilla, convertida para entonces en país de caciques, curas, nobles, funcionarios y políticos (en Madrid, adónde Felipe II había trasladado la capital castellana se dirimían todos los asuntos del estado). La desamortización de la tierra sólo había servido para quitar la propiedad de la tierra a las Comunidades de las aldeas y los pueblos y, en parte, a la Iglesia, y venderla a bajo precio a los nobles, industriales y banqueros.
Así, cuando en 1868 se proclama la Primera República Española, Castilla cree que puede ser un medio para recuperarse. Se firma así el Pacto Federal Castellano (1869) en el que las diecisiete provincias castellanas declaran la intención de federarse, de unirse para recuperar el país, apelando a la memoria de los comuneros. Todos sabemos el triste final de la Primera República, y con ella, de las esperanzas castellanas.
Poco después, Castilla llegaba a una de sus épocas de miseria más tristes: el hambre de tierra y de pan de los campesinos, las primeras emigraciones, sangrías que van despoblando poco a poco el campo castellano, el sometimiento a señoritos y gobernadores civiles, las revueltas de los campesinos y de los pocos obreros, la dictadura de los patronos y los terratenientes, la desaparición de la cultura en una tierra baldía.
Hubo, es cierto, pequeños intentos de recuperación, entre 1898 y 1931: los primeros intentos regionalistas, la revista nacionalista "Castilla", editada en Toledo, los proyectos de Mancomunidades... Y un inicio de progreso económico en algunas ciudades, especialmente Madrid. Así, cuando llega la república, toda una serie de organizaciones obreras y campesinas, unos puñados de inte-lectuales que aman su tierra e intentan luchar por ella, sacarla del marasmo y la decadencia.
Pero pudo la reacción de los de siempre, y una tremenda guerra en la que los intelectuales, los elementos activos y conscientes del campesinado, de los obreros, de los pequeños comerciantes, de los artesanos, fueron o aniquilados o expulsados. Quedó Castilla de nuevo en manos del odio, del egoísmo, de a quienes no le interesaba el resurgir de este pueblo.
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Información extraída de internet.
En esos momentos Castilla es aún un país si no próspero, al menos si con algún sueño de futuro. Pero su economía, ligada casi exclusivamente a la agricultura, comienza a quedar desfasada frente a una Europa en vías de industrialización. Cataluña empieza un despegue industrial que ya no se verá frenado, más tarde vendrá la industrialización del País Vasco. Y Castilla, convertida para entonces en país de caciques, curas, nobles, funcionarios y políticos (en Madrid, adónde Felipe II había trasladado la capital castellana se dirimían todos los asuntos del estado). La desamortización de la tierra sólo había servido para quitar la propiedad de la tierra a las Comunidades de las aldeas y los pueblos y, en parte, a la Iglesia, y venderla a bajo precio a los nobles, industriales y banqueros.
Así, cuando en 1868 se proclama la Primera República Española, Castilla cree que puede ser un medio para recuperarse. Se firma así el Pacto Federal Castellano (1869) en el que las diecisiete provincias castellanas declaran la intención de federarse, de unirse para recuperar el país, apelando a la memoria de los comuneros. Todos sabemos el triste final de la Primera República, y con ella, de las esperanzas castellanas.
Poco después, Castilla llegaba a una de sus épocas de miseria más tristes: el hambre de tierra y de pan de los campesinos, las primeras emigraciones, sangrías que van despoblando poco a poco el campo castellano, el sometimiento a señoritos y gobernadores civiles, las revueltas de los campesinos y de los pocos obreros, la dictadura de los patronos y los terratenientes, la desaparición de la cultura en una tierra baldía.
Hubo, es cierto, pequeños intentos de recuperación, entre 1898 y 1931: los primeros intentos regionalistas, la revista nacionalista "Castilla", editada en Toledo, los proyectos de Mancomunidades... Y un inicio de progreso económico en algunas ciudades, especialmente Madrid. Así, cuando llega la república, toda una serie de organizaciones obreras y campesinas, unos puñados de inte-lectuales que aman su tierra e intentan luchar por ella, sacarla del marasmo y la decadencia.
Pero pudo la reacción de los de siempre, y una tremenda guerra en la que los intelectuales, los elementos activos y conscientes del campesinado, de los obreros, de los pequeños comerciantes, de los artesanos, fueron o aniquilados o expulsados. Quedó Castilla de nuevo en manos del odio, del egoísmo, de a quienes no le interesaba el resurgir de este pueblo.
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Información extraída de internet.