¬ Muchas gracias Don Francisco Javier, pero ¿qué razón tiene para?... ¿Y por qué precisamente a mí, únicamente?..
¬ Verás: En la sala de visitas te están esperando unas señoritas a la que deseo sirvas de cicerone para visitar el seminario. La acompañas y le muestras todo lo que tú creas que vale la pena, o que les puede interesar.
¬ ¿Pero por qué un servidor?
¬ No te preocupes por el tiempo de clase o de estudio que pierdas. Sé que te recuperarás fácilmente. ¿Qué estabas haciendo?
¬ Pues en el estudio.
¬ ¿Y?
¬ Haciendo una poesía – le enseña una mano con varios dedos cerrados – de pies métricos.
¬ ¡Ah! ¿Algún deber de literatura? Supongo.
¬ No señor: Estaba preparando algo que declamar en la hora a María de los alumnos de cuarto.
¬ Bueno. Bueno. Estás dispensado de estudio y clase, así que ya declamarás otro día tu poesía de pies métricos... Por cierto: Ya me la enseñarás.
¬ No lo olvidaré, Doctor; pero permítame que insista: ¿No es Sánchez Ibarra de último curso, el que como “Perfecto” se venía encargando de estas visitas?
¬ “Ibarra, está hoy muy ocupado con encargos de fuera. Eres el mayor de la clase y el más decidido; así que te mando a ti” Además te atañe directamente.
El doctor Altés habla suavemente, con unción, una sonrisa como mueca de hemipléjico, con la que endulza su autoridad de beato a medio canonizar; pero cuando manda o dice de hacer algo, la cosa es irrevocable; sin embargo, todos los maestros, como los seminaristas lo aman.
¬ ¿Entendido, Justo? Me parece que no estás muy por la labor...
¬ Sí Doctor Altés.
¬ Pues anda, ve en paz. (Le lanza una rápida bendición).
A tres pasos de su superior, Justo se vuelve y le pregunta:
¬ ¿Me cambio de ropa? ¿Debo vestir la sotana?
¬ No es necesario, hijo. En blusa de trabajo estás bien. –Una mirada rápida hacia el cuello de la camisa de Justo y rectifica: - En fin; si deseas asearte un poco, o cambiarte de camisa, puedes, excepcionalmente, pasar por el dormitorio.
Parece que ya lo ha dicho todo. Justo lo observa abrir la puerta de su despacho, y volverse de nuevo hacia él, que se está mirando los picos del cuello por debajo de sus gafas.
¬ ¿Y oyes? Enséñale todo: Los frontones, los patios, lo que podáis ver desde el patio pequeño, del huerto de las monjas, la tortuga. Ya sabes donde está ¿No? Mientras que los seminaristas estén en estudio, le enseñas también las dos capillas, y le explicas como procedemos, en las diferentes celebraciones.
¬ Como usted mande.
¬ Pensándolo bien, tú bajas al jardincito y las muchachas verán la tortuga desde el mirador, no sea que no estén muy ágiles para trepar por la pared.
¬ Como mande. Le contesta justo abrumado por tanta recomendación.
¬ Luego puedes enseñarle los diferentes sitios de paseo de los alrededores; Ehuu, los cercanos, claro: Como la font del GAT... En fin, te lo dejo a tu libre arbitrio.
¬ Cuando toquen a tercia, bajen al torno de los maestros, y recojan las meriendas, que pueden ir a comerse al “Montecillo”. No olvides de contarles la historia de los cartujos. Así como los orígenes de la Conrería y cómo llegó a ser Seminario Menor de la diócesis de Barcelona.
Otro gesto reprimido de bendición y la puerta del sancta sanctorum como le llamaban los seminaristas, se cierra suavemente.
Camino de la sala de visitas, Justo maldice su mala fortuna. Muchas veces ha hecho de cicerone. Otras tantas, ha contado cómo encontraron aquella tonta tortuga, y cómo la trajeron al patio terraza, donde le llevan hojas de lechuga que piden a las hermanitas cocineras.
Cómo los cartujos cedieron al obispado aquel caserón, otrora hospital, otrora “Conrer” y las otras muchas peculiaridades del seminario, sus patios, sus tandas de frontón, el torno milagroso por donde salía lo que pedías, como de lámpara de Aladino, y hasta el pozo de los leprosos que estaba a doscientos metros más abajo del último patio. Mas todas aquellas anécdotas e historias, bien vio que a más de uno aburrían. Hete aquí, que ahora, tiene que volver a contarlas, y justamente a “unas señoritas” que ni bajar parece que puedan al patio terraza.
¬ ¡Vaya, hombre! ¡Con la cantidad de cosas que tengo que hacer! (Se está dando excusas para no reconocer el leve interés que le despierta la inoportuna visita) Ahora que tenía casi terminada mi poesía, con pies métricos y todo...
No ha abierto los dedos, que retienen las últimas rimas que se repite mentalmente para no olvidar, mientras sube al dormitorio:
¬ “Tus tan sonoras notas, de armonías cuajadas” “ ¿Por qué se obstinan en estar calladas? Tus tan sonoras notas...” “ ¿Por qué no suenan ya?” ... (ver texto completo)
Diario de Justo en el seminario: Domingo 29 (Sin fecha de mes)
Espero visita: El domingo es un día alegre. No hay clases. Eso es primordial para los estudiantes. Se puede descansar. Practicar su deporte favorito. Se puede adelantar el trabajo de la semana. Se puede no hacer absolutamente nada. El domingo vienen las visitas; con ellas, una invasión de casaquitas, plises, faldas, gorritos de mil colores que en franca pugna con nuestras austeras sotanas, acaban por imponerse durante unas horas, produciendo ... (ver texto completo)
Estaba claro que los dos nuevos catalanes, avanzaban en sus proyectos. También que no todo el monte catalán era orégano. Tampoco que a todos los perros los ataban con longaniza.
Los giros demostraban bien, que la fama de roñosos de los condabarceloníes, no era afabulación castellana. Y que por aquellas tierras de Cocaña, de coca poca. Cañas sí. Pero ni para pescar servían. El tiempo de espera alargándose, por cada tres cartas de los emigrados, una de Fermina se cruzaba en dirección a la Ciudad ... (ver texto completo)
Capítulo 6 - 20 de enero del 55. Diario.

Estuve en casa. Hay mucha necesidad, y mucha gente que han venido del pueblo, al cobijo de mis padres. No pueden con tanta carga.
Di clases de matemáticas, con el señor Campmany (O Alemany, no recuerdo bien) pues este trimestre, me suspendieron. Me confié demasiado en mi capacidad de aprender.
Ha habido algunas novedades. Por fin le hablé claro al P. García: Su consigna, “Rezar y esperar” Me alegró el día. Estoy algo taciturno y no lo entiendo; tantos ... (ver texto completo)
Los sacerdotes profesores que con su sola presencia procuran quietud y calma a aquella turba turbatorum, toman por costumbre de ir y venir por el pasillo central. Y como en este primer curso hay más grandotes turbulentos que pequeños, se los instalan a mano en los primeros pupitres de cada hilada, historia de poder distribuirle al guna que otra “clatellada” ¿Es necesario precisar que a Justo lo pusieron en uno de estos sitios preferenciales?

A los alumnos le divertía “la mar” Subir al tercer ... (ver texto completo)
Como las clases de piano que ha solicitado Justo, y que retrasa el profesor Queralt ad calendas, hasta que intervino D. Pedro a favor del olvidado postulante. Y otros más desplantes que Justo, “écorché vif” intenta olvidar sin que antes no le vengan al peto otros desprecios. Quizás exagera Justo, siempre perdido en su mundo de contradicciones... Acaso el sacerdote resentido no entienda o no quiera entender sus ansias de amistad.
Es costumbre entre los alumnos, de dejar los libros y objetos que ... (ver texto completo)
Hoy vuelvo al segundo volumen, que habla de la instalación de los Panduro en Barcelona.
Capítulo – 13 Manuel y su hijo Loly se van a la ciudad condal.

Y Así, como ya se ha dicho, un día de marzo de 1945, Cuando más bonito estaba el pueblo, las amapolas abiertas, entornando sus pestañas entre los verdes trigales, el sol sacando el vaho de las tierras con sus plateados rayos y los lugareños despertando del letargo invernal; en el tiempo de los fusiles de palmera, de los repiones y los aros, el ... (ver texto completo)
Cap5
Capítulo. 5. Justo marchó al seminario.

Justo, se ha marchado ya, al seminario menor de Tiana. Eso está cerca de casa Antúnez. Bueno todo es relativo: Casa A. se encuentra cerca del mar, pero al sur oeste de Barcelona. Y La Conrería, está al Norte de Barcelona, después de Montgat, y pasado el pueblecito de Tiana. Hay que coger el tranvía 48 hasta la estación de Francia, allí un tren de cercanías, que echa el ciento y más en llegar a Montgat. Desde Montgat a Tiana, un tranvía de vía estrecha, ... (ver texto completo)
Hola Justo,

veo que sigue con sus escritos, no los puedo seguir pues tengo el ordenador en el taller, cuando me lo devuelban los leeré todos.

un saludo.
Hola Alfredo. Espero que las historias de los antepasados de Alconchel te gusten. Cuando llegue el momento, volveré a Barcelona y a las barracas de "Cantunis" Yo también me he cargado el ordenador del despacho! Pero como ya está bastante viejo, ya no pienso arreglarlo. De momento, sigo con el portátil.
Me gusta que intervengas, pues a veces me pregunto si alguien me lee...
Un saludo cariñoso, lector asiduo.
Bueno pues te diré que está junto a la Factoría de Acerinox, cerca de la del Rinconcillo en Algeciras, junto al Río Palmones del tér4mino de Los Barrios (Cádiz), tiene unos 800 metros y es de una arena muy fina y no tiene nada de peligrosa, si bajas por Andalucía no te vallas sin visitarla, es muy tranquila sobre todo por la mañana, también está muy cerca la de Guadarranque, (San Roque) y las de la Línea de la Concepción, en fin por aquí hay donde "remojarse". Saludos.
hola. haber hace años que no voy por andalucia. en que mis padres son de malaga y jaen. no conozco cadiz pero si voy ire haber la zona. siempre me ha gustado conocer sitios y sus gente. aqui en cataluña me gusta ir por la parte de tarragona sobre todo la zona del delta del ebro. saludos
Hola Justo,

veo que sigue con sus escritos, no los puedo seguir pues tengo el ordenador en el taller, cuando me lo devuelban los leeré todos.

un saludo.
Aquellas gentes no eran de las que se sientan a comer o hablar alrededor de una mesa: La candela de la cocinilla era más íntima. Y sentados en unos banquillos hechos a la azuela, cada cual arrimaba los carbones a sus zuecos. Y Porfiando y gruñendo, pasaban el rato entre comida y cigarro, hasta que Juana se levantaba con aire de cansancio y cara de sueño, cogía un candil y después de ir al pajar a ver “la piedra” que anunciaba la lluvia, desaparecía arrastrando sus zapatos claveteados por el empedrado ... (ver texto completo)
Capítulo tercero. Los Pequeños.

En aquella casa, a quien no gritaba, nadie le hacía caso. Los únicos que recibían algún mimo eran los niños. Y como bien se sabe, al último al que más. Por aquel entonces el que había llegado último, y, además, en plena guerra civil, lo llamaron Justo. Así le pusieron en memoria de un tío paterno, caído por Dios y por España, y porque se topó de frente con unos rojos que andaban buscando curas y guardias civiles, para limpiar la Patria, decían, que era más suya ... (ver texto completo)
hola p. fernandez. gracias por contestar. esta playa no la conozco. espero que me hables de ella y de cadiz. tambien me gusta la cultura y conocer. quieres amistad. gracias y saludos
Bueno pues te diré que está junto a la Factoría de Acerinox, cerca de la del Rinconcillo en Algeciras, junto al Río Palmones del tér4mino de Los Barrios (Cádiz), tiene unos 800 metros y es de una arena muy fina y no tiene nada de peligrosa, si bajas por Andalucía no te vallas sin visitarla, es muy tranquila sobre todo por la mañana, también está muy cerca la de Guadarranque, (San Roque) y las de la Línea de la Concepción, en fin por aquí hay donde "remojarse". Saludos.
Yo también ire a la Playa (Dios mediente) el próximo miércoles pero no a la de Badalona, sino a la de Palmones en el término de Los Barrios (Cádiz), una de las playas mas pequeñas de la provincia, pero la más acogedora. Saludos
hola p. fernandez. gracias por contestar. esta playa no la conozco. espero que me hables de ella y de cadiz. tambien me gusta la cultura y conocer. quieres amistad. gracias y saludos