Me suena la
iglesia, la de
San Miguel, que aquí travestido de San Juan, apadrina nuestras
hogueras y a mí, eso del fuego, más por la combustión y el calor que por la parte de la purificación, siempre me tentó.
Don Adonías me queda lejos. Recuerda que mi muerte medra tan lejos como la vida me deje. Los que yo tuve de cabecera, eran más recientes.
El
bar de Dionisio, lo conocí…, o el de María… pero ya no solo como un reducto de las antiguas cantinas, sino también como
panadería, estanco y distribuidor
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