después de la llorera de emoción del sábado, no he podido dejar de tener los ojos encharcados todos estos días
no puedo pasar un día más sin escribir...
¡Y no te digo nada a ellos!
Si a sus padres, como es natural, les llena de orgullo el comprobar cuánto quieren a sus hijos, al tío que tienen en Malva se le cae una baba (babaraza, que es más grande) como pa’hacer correr el regato.
Y digo todo esto porque a pesar de que no he activado ninguna casilla, salvo tres o cuatro peticiones de amistad y casi sin querer, de repente me han entrado treinta o treinta y tantos mensajes a cual más emocionante, agradeciendo a Silvia y a Javi los momentos tan absolutamente inolvidables que nos han permitido compartir con ellos y celebrando su manera de ser.
A mí nunca me ha entrado lo de las redes sociales, no sé si por timidez, por pudor o por no andar viendo tutoriales sobre su manejo. Creo, además, que con un chato vino y un pincho se lo pasa uno mejor que creándose un nick con una password suficientemente segura. Aunque te lo tengas que tomar “callao” porque no se te ocurre nada. Siempre quedará aquello de:
- “Es que es eso, bobo”
- “Nada”
Termino, ahora mismo, de comprobar que el cariño de la buena gente mueve algo más que montañas. Lo que, en versión nuevas tecnologías, se traduce por “no hay cortafuegos, ni antivirus que se resista”.
En fin..... cosas de antes.
Era todo un ritual.
Luego vinieron los yesos y los papeles pintados, y ya se dejó de embarrar. Ahora ya no hay papeles pintados, pero las paredes están enyesadas y se pintan con temples, que serán algo parecido a la greda, digo yo, o con pinturas sintéticas de todo tipo.
Muchos ya no lo habréis conocido, pero al llegar la primavera se iba a las peñas a buscar greda y mezclándola con agua y no sé si con algo de cal, y algún colorante se le daba un repaso a todas las paredes de la casa. Se pintaba y desinfectaba, y se alejaba a todo tipo de insectos. Menuda se preparaba, porque se sacaba todo de las habitaciones, se limpiaba todo a fondo y una vez embarrado quedaba un olor que daba gusto.
¿Os acordáis de cuando nuestras madres al llegar la primavera embarraban?
Al fin y al cabo es época de embarrar.
Menos mal que acaban al mediodía. Luego me dejarán los techos empantanaos hasta que venga el escayolista y en paz morena. Aprovecharemos y pintaremos todo el pasillo, ¡ya de puestos!, qué vamos a hacer.......
el ruido, es lo peor, al cortar tuberías.