Pero ayer, a la vuelta, también fué algo espectacular. Al salir del
túnel estaba todo blanco impoluto. Nevaba suavemente y las máquinas quitanieves no dejaban de pasar. En algunos tramos tuvimos que atravesar una
niebla espesa que metía miedo, y al final la cosa se transformó en
lluvia. Fué un viaje muy variopinto. Eso sí, muy calentitos dentro del
coche, no puede uno por menos que pensar "deja que zumbe el aire".