Me acuerdo una vez que nos pegamos un madrugón grande, pa ir a espigar un montón de muchachos y muchachas, todos de la calle La Puebla, que había unos pocos. Mi hermana como era la mayor, iba un poco al cargo de nosotros y de Félix y Manoly. Fuimos a levantarlos, pues estaban solos ya que tio Félix y tia Tere se habían levantado antes y estaban a acarriar. No andaba malo Felixín calentando un tazón de porcelana blanco con leche, al fuego del butano, directamente. Tú verás lo que tardó el tazón en ... (ver texto completo)
Y la pastilla de chocolate y el cantero de pan que no faltara.
Hace unos días le contaba yo a Raquel, lo que era ir a espigar. Menudas manadas traíamos pa casa. No hacíamos más que enredar, hacer flanes y tirar de algún que otro carro disimuladmente, que aunque no tenían retrovisores nos veían de sobra.
Y digo yo, que ahora que no hay quien caze saltones, habrá superpoblación de ellos y mermarán las cosechas. Aunque tampoco les dará mucho tiempo porque en cuatro días está todo segao y recogido.
No era pa mí.
¡Vaya, moler! el teléfono.
Di quiá una miaja, cuando baje el sol, saldremos a dar una vuelta, y si se tercia tomar una caña.
Se me van los pies.
Marché y no te vi. Yo llevo toda la tarde en casa cabeceando. Es que no apetece otra cosa.
Se me van los pies.
En fin, cada mochuelo en su olivo y yo... "desesperando. ¿Y tú? Tú, contestando: Quizás, quizás, quizás",
A otros los supongo pidiendo permiso a la presbicia para ver qué coño pone en algún legajo que le trae de cabeza.
Otros han cambiao el peine y la torba por unas manos al póker con el purito y el solysombra. ¡Cien veces mejor, hombre, ande vas a parar!
Eso eran trillos y no los de ahora que ni se torna, ni te apaña ni nada. Si tienes sed levantas la mano y te trae el camarero un "yondy" y en paz.
Otros años, a estas horas, ya habíamos cambiao veinte veces el saltón de la pajarera porque nos lo habían rimplao los pardales.
Con lo bien que se pasan las entresiestas entre siestas (valga la redundancia) y vueltas en el sofá a la sombrica.