He oído quejarse amargamente a gentes que tenían mínimos s en la costa, cuando comenzaban otros
veranos tímidamente con temperaturas suaves o más bien frescas. No es el caso del actual
verano que ha empezado sin titubeos, envolviéndonos en sus olas de calor, sin ninguna consideración hacia nuestros lamentos que siempre el excesivo calor nos encuentra desprevenidos y con pocas ganas de soportarlo. Y ahí tenemos a nuestra costa con sus negocios grandes y pequeños, esperando a la gente del interior
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