Hola, Marcelino Cid:
Yo no soy Antonio, pero, como a ti, a mí también me ha devuelto a la infancia la singularidad de este personaje. A Torrecilla (y me imagino que con tantos pueblos -supongo que en Bernúy de Coca, también) iba con bastante frecuencia y era una persona que gozaba de mucha aceptación y era, como tú dices, entrañable.
En aquella España pueblerina de los 60 en la que nos criamos, la llegada de este bufón -en el mejor sentido de la palabra- nos hacía alegrar a toda la chiquillada ... (ver texto completo)
Yo no soy Antonio, pero, como a ti, a mí también me ha devuelto a la infancia la singularidad de este personaje. A Torrecilla (y me imagino que con tantos pueblos -supongo que en Bernúy de Coca, también) iba con bastante frecuencia y era una persona que gozaba de mucha aceptación y era, como tú dices, entrañable.
En aquella España pueblerina de los 60 en la que nos criamos, la llegada de este bufón -en el mejor sentido de la palabra- nos hacía alegrar a toda la chiquillada ... (ver texto completo)