Rúas, calles y avenidas esperan que llegue la noche para sentir, sobre su suelo, el paso de Jesús crucificado. Larga noche que, por intricadas cuestas y revueltas, pasará el sin pecado, con la cara ensangrentada. La gente verá que es por la corona de espinas. Pobres gentes, que, unos llevando a hombros al Cristo crucificado, creen ayudarle en el dolor; otros esconden sus pesares detrás de una túnica con capirote. Los que contemplan los pasos procesionales se unen y sienten suyo el dolor del Cristo ... (ver texto completo)