Noche de
San Jorge.
Desde media tarde, de aquel
pozo sin fin se apreciaba una leve
columna de vapor que se diluía al alzarse por encima de los chopos.
Las calladas encinas del Hondajo cuando llegara la noche serian un año más, fieles testigos del olor a azufre, prueba in equivoca de que del pozo San Simón saldría de las entrañas de la tierra el príncipe de los infiernos.
Algún cuervo graznaba posado en los
pinos de la ladera a la espera de la puesta del sol, que tímidamente se había ocultado
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