Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Por fin subimos a ver al vecino colindante, y a través de las terrazas hemos conseguido entrar en casa. Menudo numerito. Parecíamos delincuentes. Eso sí, la seguridad ante todo, nos fabricamos un arnés con una cuerda, que nos prestó el vecino, por si acaso, que es un tercero.
Bueno, qué hacemos, qué no hacemos, llamamos al cerrajero y que nos esbarate una cerradura tan buena.......!
Que nos quedamos en la calle y sin llaves. Menos mal que tiene una vecina unas para por si acaso, pero hete aquí que la vecina no estaba, que se había ido al pueblo. Calla que mi hermana tiene unas. Vamos a buscarlas, y ls tenía desde hace tanto tiempo que ya no valía ninguna, porque habíamos cambiado la cerradura una vez.
Salimos a dar un paseo, ya casi de noche, porque antes es bobada, y le digo a Luis: No llevo bolso ni llaves ni nada. Vale, me contesta, yo sí llevo llaves. A continuación cierro la puerta y en cuanto suena el golpe de cerrar, dice ¡Espera que no llevo llaves!
Ayer me pasó una peripecia que os voy a contar, porque no pasa todos los días, afortunadamente.
Encima aquí al lado del ordenador, pues como que no gusta.
Suelo tener la casa bastante fresca, abierto de par en par por la noche y por la mañana, y allá a las 12, o un poco antes, cierro a cal y canto, bajo toldos y se queda la casa menos malica, pero hoy he estado fuera por la mañana desde muy temprano, y cuando he venido ya había entrado todo el calor que ha querido.
Pues a mí ahora no me vendría nada mal una miaja de aire acondicionado. Menudo calor que hace.
Achís! Achís! Salud y buena tarde!
Pues eso, qué estoy hasta los mismísimos y reivindico el aire acondicionado y no el congelado.
Eso ya sin hablar de la diferencia de temperatura de los hombres y de las mujeres. Vas tan mona con el vestido de tirantes, las sandalias, el minibolso (el propio para que te entre la chaqueta) y te quedas congelada en el restaurante, sin parar de estornudar y escuchandole decir para más inri, que tienes el termostato jodido.
No es que no me guste el aire acondicionado, lo que odio es pasar de una temperatura en el exterior de 35 grados a otra muy, pero que muy inferior. Y lo que me enerva es tener que cargar con la chaquetita cada vez que voy al super.
Horror en el supermercado
Horror en el ultramarino
Han dado el acondicionado
Me quedo congelada
No, oh!
Achís! Buenas tardes!