Recuerdo una vez que había estado toda la mañana lloviendo en Malva, y el arroyo bajaba bien cargadico. Por la piedras de Ezequiela, bajaba el agua a gran velocidad, casi daba miedo. Manoly y yo, ante semejante espectáculo, decidimos hacer unos barquitos de papel y tirarlos a la corrienta a ver qué pasaba.