En una de estas visitas parroquiales, tras los rezos pertinentes, se encontraron a la salida, con un confesionario donde, el párroco mostraba a los feligreses, entre la cortinilla, un escapulario. Masero, que litúrgicamente le daba cien vueltas a Jose, lo besó, se santiguó y salió a la calle, con el bolso lleno de indulgencias plenarias. Jose, que además de no saber el protocolo, tampoco lo quería aprender, se acercó al confesionario y, al ver asomando el escapulario, pensó que se lo ofrecían pa llevárselo pa casa y tiró por él to lo que pudo, hasta que el cura le quitó las intenciones y le explicó que era solo para besarlo.
El pobre cura libró, ese día, de milagro, no sólo su escapulario, sino también las gorjas, porque si en vez de tenerlo en la mano, lo tiene colgado del cuello, desde ese momento, se da de baja en el coro, del tirón que le pegó Jose.
MORALEJA:
Dios aprieta pero no ahoga. Pues que llame a Jose y verás como sí.
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El pobre cura libró, ese día, de milagro, no sólo su escapulario, sino también las gorjas, porque si en vez de tenerlo en la mano, lo tiene colgado del cuello, desde ese momento, se da de baja en el coro, del tirón que le pegó Jose.
MORALEJA:
Dios aprieta pero no ahoga. Pues que llame a Jose y verás como sí.
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