Leyenda.
El motín de la trucha.
Cuando se produce un motín siempre hay una causa, a veces de importancia mínima, que enciende la mecha y provoca una explosión de resultados casi siempre trágicos, por eso cuando un motín se produce no debemos de caer en la trampa de fijarnos sólo en la causa que es lo de menos, lo importante y hacia dónde hay que mirar si queremos saber que lo produjo es al motivo que genera un malestar que lleva mucho tiempo flotando entre la población y tarde o temprano acaba por reventar.
Retrocedamos ahora hasta el año 1158 y dirijámonos a Zamora. Estamos en el mercado en el que existían ciertas normas, entre ellas que los nobles tenían derecho a comprar hasta cierta hora los productos antes que el resto de la gente y aquí llega el detonante. Un zapatero compró una estupenda trucha y cuando ya estaba a punto de marcharse con ella, llegó el despensero de un noble zamorano que al ver lo fresca y grande que era la trucha decidió comprarla para su señor y meterla en su cesto. El zapatero y el vendedor le comunicaron que la venta ya estaba hecha y que había llegado tarde, pero él no quiso ceder y acogiéndose al derecho de los nobles dijo que tenía preferencia sobre la trucha.
Las voces empezaron a subir de tono dando lugar a que la gente que estaba en el mercado primero se parara para enterarse de lo que pasaba y luego, como sucede siempre, tomaran partido formándose un lío tremendo. Al llegar la noticia a oídos del señor, éste, en lugar de enterarse de lo que pasaba, tiró por la calle del medio y metió al zapatero y sus partidarios en prisión amenazando con ahorcarlos a todos y no quedó todo aquí, convocó a los nobles de la ciudad para una reunión en la Iglesia de Santa María con la intención de que entre todos dieran justo castigo a la “insolencia” del pueblo que pretendía tener los mismos derechos que los señores.
La mecha ya estaba encendida y no había forma de pararla, la gente en cuanto vio que los nobles estaban reunidos en la iglesia, cerró las puertas de forma que no se pudieran abrir desde dentro, amontó leña a su alrededor y le prendió fuego. Ninguno de los que estaban dentro salió con vida. Luego se dirigieron a la cárcel y soltaron a los presos que salieron de allí como los toros salen del toril, llenos de furia y rabia. Zamora fue un caos, destrucción, atropellos, robos……hasta que la ira se fue calmando y entonces se hizo la luz para los amotinados, todo aquello no quedaría sin castigo, ni los nobles ni el rey permitirían aquellos desmanes, así que dirigidos por un pelletero que tenía reputación de honrado y buena persona, cargaron sus pertenencias en carros y mulas y se dirigieron a la frontera con Portugal para poner toda la tierra que pudieran por medio.
Desde allí enviaron cartas al rey pidiendo perdón por los hechos y solicitando que les quitara a los nobles de encima, sobre todo a Ponce de Cabrera por miedo a que se vengara pues uno de los muertos en la iglesias era hijo suyo; si eran perdonados regresarían y si no pasarían a residir en Portugal.
La papeleta del rey no era fácil, por un lado necesitaba a los nobles y por otro no podía permitirse el lujo de dejar despoblada la zona, así que envió cartas de perdón con la condición de que regresaran a la ciudad y que reconstruyeran la iglesia quemada y además que consiguieran la absolución del Papa. Y en cuanto a los nobles les quitó los señoríos y propiedades con lo que se enfadaron un montón y abandonaron al rey Fernando II para dirigirse al reino de Castilla para servir al rey Sancho III, hermano del rey de León. Pero como sucede siempre, los de arriba se arreglan y después de una reunión de los dos reyes, a los nobles se les restituyeron sus posesiones y como se suele decir: “En este mundo paz y en el otro gloria”. Hay que tener en cuenta que los reyes de la Edad Media no podían prescindir de los señores y nobles pues estaban en plena operación reconquista contra los moros y toda espada era necesaria.
El motín de la trucha.
Cuando se produce un motín siempre hay una causa, a veces de importancia mínima, que enciende la mecha y provoca una explosión de resultados casi siempre trágicos, por eso cuando un motín se produce no debemos de caer en la trampa de fijarnos sólo en la causa que es lo de menos, lo importante y hacia dónde hay que mirar si queremos saber que lo produjo es al motivo que genera un malestar que lleva mucho tiempo flotando entre la población y tarde o temprano acaba por reventar.
Retrocedamos ahora hasta el año 1158 y dirijámonos a Zamora. Estamos en el mercado en el que existían ciertas normas, entre ellas que los nobles tenían derecho a comprar hasta cierta hora los productos antes que el resto de la gente y aquí llega el detonante. Un zapatero compró una estupenda trucha y cuando ya estaba a punto de marcharse con ella, llegó el despensero de un noble zamorano que al ver lo fresca y grande que era la trucha decidió comprarla para su señor y meterla en su cesto. El zapatero y el vendedor le comunicaron que la venta ya estaba hecha y que había llegado tarde, pero él no quiso ceder y acogiéndose al derecho de los nobles dijo que tenía preferencia sobre la trucha.
Las voces empezaron a subir de tono dando lugar a que la gente que estaba en el mercado primero se parara para enterarse de lo que pasaba y luego, como sucede siempre, tomaran partido formándose un lío tremendo. Al llegar la noticia a oídos del señor, éste, en lugar de enterarse de lo que pasaba, tiró por la calle del medio y metió al zapatero y sus partidarios en prisión amenazando con ahorcarlos a todos y no quedó todo aquí, convocó a los nobles de la ciudad para una reunión en la Iglesia de Santa María con la intención de que entre todos dieran justo castigo a la “insolencia” del pueblo que pretendía tener los mismos derechos que los señores.
La mecha ya estaba encendida y no había forma de pararla, la gente en cuanto vio que los nobles estaban reunidos en la iglesia, cerró las puertas de forma que no se pudieran abrir desde dentro, amontó leña a su alrededor y le prendió fuego. Ninguno de los que estaban dentro salió con vida. Luego se dirigieron a la cárcel y soltaron a los presos que salieron de allí como los toros salen del toril, llenos de furia y rabia. Zamora fue un caos, destrucción, atropellos, robos……hasta que la ira se fue calmando y entonces se hizo la luz para los amotinados, todo aquello no quedaría sin castigo, ni los nobles ni el rey permitirían aquellos desmanes, así que dirigidos por un pelletero que tenía reputación de honrado y buena persona, cargaron sus pertenencias en carros y mulas y se dirigieron a la frontera con Portugal para poner toda la tierra que pudieran por medio.
Desde allí enviaron cartas al rey pidiendo perdón por los hechos y solicitando que les quitara a los nobles de encima, sobre todo a Ponce de Cabrera por miedo a que se vengara pues uno de los muertos en la iglesias era hijo suyo; si eran perdonados regresarían y si no pasarían a residir en Portugal.
La papeleta del rey no era fácil, por un lado necesitaba a los nobles y por otro no podía permitirse el lujo de dejar despoblada la zona, así que envió cartas de perdón con la condición de que regresaran a la ciudad y que reconstruyeran la iglesia quemada y además que consiguieran la absolución del Papa. Y en cuanto a los nobles les quitó los señoríos y propiedades con lo que se enfadaron un montón y abandonaron al rey Fernando II para dirigirse al reino de Castilla para servir al rey Sancho III, hermano del rey de León. Pero como sucede siempre, los de arriba se arreglan y después de una reunión de los dos reyes, a los nobles se les restituyeron sus posesiones y como se suele decir: “En este mundo paz y en el otro gloria”. Hay que tener en cuenta que los reyes de la Edad Media no podían prescindir de los señores y nobles pues estaban en plena operación reconquista contra los moros y toda espada era necesaria.