Fué tal la risa que nos entró, comentando nuestra situación: mira que salir de fiesta y tener que meterse en una iglesia, vaya plan, cualquiera que nos vea.... y ja ja ja, nos retorcíamos de la risa. Hasta que las viejas, las pobres indignadas por tanta sirvengonzonería, no tuvieron otra que echarnos a la calle.