Y aún hay algo peor, porque la cosa vista así no deja de ser una gamberrada de chavales que se encogorzan un poco el fin de semana y deciden hacer una trastada. Lo peor es que algunos vecinos, ya hartos de que les echen la pota sobre su capó, piensan poner una denuncia en el juzgado, contra la comunidad, porque no toma las medidas necesarias para solucionar el problema. Eso ya son palabras mayores.