MALVA: Y a que hora hay que despertar a los señores?

Respecto a la anécdota del pedo-despertador en un hotel de Potes, que acabo de recordar, le ha dado cien vueltas y no consigo reflejar bien, en escrito ninguno, ni el ruido que salió de su culo, ni el levantamiento de pierna que hizo Miguel, mostrándole a la recepcionista la forma de despertarnos con un pedo como el que se tiró en pleno hall. Ni los esfuerzos por contener la risa, por el corte que nos daba a algunos, hasta que no pudimos más, al oir el tono de la reprensión de Charo: “ ¡Miiiiguel!”.

Y a que hora hay que despertar a los señores?