MALVA: Y final...

Y final

Pues bien puestos en situación, la gente del pueblo a parte de tener otros animales de corral, tenía patos, que pacían a sus anchas por todo el regato, durante el día. Por la noche, cada mochuelo a su olivo, ellos solos se iban, cada uno a su corral. La salida por las mañanas era diferente, necesitaban un permiso o pase para ir a disfrutar del arroyo. Los dueños de los patos, normalmente la dueña, cogía los patos de uno en uno, les metía un dedo en el culo, si había puesto, lo tenía vacío, pase permitido. Si lo tocaba, es que lo tenía aún en el culo, no había puesto, pase denegado, ese quedaba en el corral hasta que depositará un bien muy preciado, un huevo de pato.

Salud.