Y final.
Se tenía también por costumbre ir en esos momentos a la plaza, tanto si tenías que ir a Zamora, por ser la hora de salida del coche, como si no tenías que ir, pero necesitabas hacer algún encargo menor, un mandao, pidiéndole el favor a alguno de los parroquianos que a la capital se dirigían.
Por allí apareció también Don Honorio que acercándose a Quirina le dijo:
- ¿Vas a Zamora?
- Pues si, a Zamora voy. ¿Quería algo Don Honorio?
- Si- Y tirando éste un buen pedo, le dice. – Que me lo lleves a Zamora.
Entonces Quirina, ni corta ni perezosa, se tiro otro pedo, pero éste más sonoro y largo, diciéndole:
- Sabe lo que le digo, Don Honorio, que me lleve Usted éste, a mi casa que es más grande, y si no puede de una vez, coja una hoz, lo parte por donde quiera y me lo lleva de dos.
Se tenía también por costumbre ir en esos momentos a la plaza, tanto si tenías que ir a Zamora, por ser la hora de salida del coche, como si no tenías que ir, pero necesitabas hacer algún encargo menor, un mandao, pidiéndole el favor a alguno de los parroquianos que a la capital se dirigían.
Por allí apareció también Don Honorio que acercándose a Quirina le dijo:
- ¿Vas a Zamora?
- Pues si, a Zamora voy. ¿Quería algo Don Honorio?
- Si- Y tirando éste un buen pedo, le dice. – Que me lo lleves a Zamora.
Entonces Quirina, ni corta ni perezosa, se tiro otro pedo, pero éste más sonoro y largo, diciéndole:
- Sabe lo que le digo, Don Honorio, que me lleve Usted éste, a mi casa que es más grande, y si no puede de una vez, coja una hoz, lo parte por donde quiera y me lo lleva de dos.
PUES AUNQUE NO LO CONTARÉ TAN BIEN COMO jMG, QUE DE VERDAD QUE CHAPEAU, esta tarde, si no se me complica la cosa, seguiré yo con una minicrónica sobre más pedos de Don Honorio, que además de veterinario era especialista en ventosidades. Hasta luego.