El equipaje, no era más que un macuto de color marrón oscuro, con más vida dentro que el pastillero del autobús del Inserso y eso que, el pobre, andaba siempre por el suelo.
Así que, al terminar los chatos de un bar, nos disponíamos a irnos a otro, sin dejar de darle vueltas a la idea de irnos, volvernos, tomar el sol en la playa o subirnos a la montaña.
Así que, al terminar los chatos de un bar, nos disponíamos a irnos a otro, sin dejar de darle vueltas a la idea de irnos, volvernos, tomar el sol en la playa o subirnos a la montaña.