En cuanto abrió el parque, no pusimos a recorrerlo Charo, Choni, Miguel y yo. Para poder verlo todo, había que andar listico desde por la mañana. Hay que ir, con el coche de parada en parada, para asomarse por los distintos miradores y ver todos los animales sueltos que puedas. Se ve, o que calculamos mal el tiempo, o que teníamos hambre y convenía irse arrimando a una cafetería que hay en el centro del parque, el caso es que nos sobró tiempo. Pensábamos que, con tanta gente como andaba por allí, o te espabilabas o comías a las mil y quince y, encima, te quedabas sin rabo de toro pa comer.