El tema de las relaciones íntimas, -amorosas o sexuales-, entre eclesiásticos y mujeres fue uno de los que en mayor número de ocasiones resultó objeto de atención en los Sínodos y en las actas de las visitas pastorales. El asunto venía de lejos; así, la carta que el legado pontificio Juan de Abbeville dirigió al Papa Gregorio IX en la que le manifestaba la creencia de que en Castilla se podía poner fin a algunos vicios del clero, pero no así en lo referente a su especial "pasión por las mujeres", sin duda, el "vicio" más acusado de nuestros eclesiásticos.